Escalona dedicó casi sesenta años a la militancia dentro del Partido Socialista, consolidándose como un referente fundamental para la organización. Su trayectoria incluyó períodos de clandestinidad, lo que lo convirtió en un actor clave durante el retorno a la democracia. Su rol en la Concertación fue destacado, y su estatus de "socio controlador" dentro de la colectividad lo posicionó como líder de la "Nueva Izquierda".

Durante sus últimas etapas, Escalona ocupó el cargo de secretario general del PS, manteniendo su influencia en la dirección del partido. Su labor fue reconocida por su capacidad para mantener la cohesión dentro del partido y guiar su evolución política. Aunque su rol fue central, su legado también fue objeto de análisis sobre su impacto en la política chilena.

Su larga trayectoria lo convirtió en un emblema del PS, representando una continuidad ideológica y una experiencia política profunda. Su muerte marcó el fin de una era, pero su influencia sigue presente en las estructuras del partido.