Una devastadora riada ha azotado la frontera entre Nepal y el Tíbet, dejando al menos 98 muertos y cientos de personas desaparecidas o sin contacto, según cifras oficiales. Las autoridades nepalinas y chinas continúan con las labores de rescate en un contexto de condiciones extremas, con bajas temperaturas y precipitaciones constantes. La situación ha sido tan grave que el presidente chino, Xi Jinping, ha ordenado el despliegue de efectivos y maquinaria pesada para apoyar las operaciones de salvamento.

Mientras se registran nuevos alertas sobre una posible segunda riada, se informa que el número de desaparecidos incluye a turistas de Estados Unidos, India, Reino Unido, Países Bajos y Australia. Las imágenes de la zona muestran puentes arrastrados, carreteras cortadas y daños a infraestructuras hidroeléctricas. La solidaridad internacional se manifiesta con declaraciones de Perú, que expresa su apoyo a ambos países afectados.

La magnitud del desastre ha generado una respuesta coordinada entre las autoridades locales y las fuerzas de rescate, aunque las condiciones climáticas siguen siendo un obstáculo significativo. La cifra de víctimas sigue en constante revisión, pero la gravedad del evento deja claro el impacto humano y el desafío para la recuperación.