Estados Unidos anunció una "guerra económica" contra Irán, en medio de la tensión prolongada entre ambos países. El presidente Donald Trump acusó a Teherán de mantener una "política fracasada" y buscó intensificar las presiones económicas para debilitar al régimen iraní. Esta medida se enmarca en la escalada de hostilidades que ha durado casi seis meses, con intercambios de amenazas y acciones militares en el Golfo Pérsico.

El secretario del Tesoro estadounidense, Steven Mnuchin, advirtió a los aliados de EE.UU. De que deben estar "con nosotros o contra nosotros", reflejando la postura dura del gobierno norteamericano. Aunque Irán se mostró firme y desestimó las sanciones, las medidas económicas buscan afectar su capacidad de movilidad financiera y su acceso a mercados internacionales.

Mientras se profundiza la confrontación, otros países como Qatar y Egipto han llamado a frenar el chantaje y garantizar la libre navegación en rutas estratégicas. Esta postura diplomática contrasta con la retórica belicosa de Washington, que busca imponer su influencia en la región mediante herramientas económicas y comerciales.