Tras el sismo que sacudió el norte del país, profesionales de la salud mental se movilizan para acompañar a las familias en su proceso de duelo y recuperación. El evento, ocurrido el pasado viernes, dejó al menos 13 muertos y más de 500 heridos, según informes preliminares. Muchas viviendas se derrumbaron, lo que generó un clima de incertidumbre y angustia en las comunidades afectadas.

Los psicólogos, junto con equipos de emergencia, visitan hogares donde los familiares buscan a sus seres queridos entre los escombros. La presión psicológica es intensa, especialmente en zonas donde la infraestructura se dañó gravemente. La falta de comunicación y la incertidumbre sobre el estado de los familiares agravó el impacto emocional.

En los centros de atención temporal, se organizan talleres de apoyo para los sobrevivientes. La prioridad es garantizar un entorno seguro y estable, tanto físico como emocional. Las autoridades locales han anunciado la llegada de más profesionales para reforzar los esfuerzos de ayuda.

Los expertos destacan la importancia de la intervención temprana para evitar el desarrollo de trastornos psicológicos a largo plazo. La situación exige una respuesta colectiva y una atención continua a las necesidades de las personas afectadas.