El presidente ruso, Vladimir Putin, confirmó durante un foro económico en Vladivostok que las fuerzas ucranianas sufren entre ocho mil y doce mil bajas mensuales en el frente de combate. Esta cifra, presentada como un dato oficial, se suma a las declaraciones recientes sobre el financiamiento de la guerra por parte de empresas rusas, que han transferido recursos al Ministerio de Finanzas.
A la vez, el Kremlin enfrenta tensiones internacionales tras la confiscación de un barco ruso por parte de Noruega, solicitada por Ucrania. Moscú reaccionó con amenazas de represalias, calificando el acto como piratería. Paralelamente, se reportó un atentado contra un oficial aéreo en Sarátov, atribuido a un grupo ucraniano, lo que refuerza la tensión entre ambos países.
En otro frente, se registró un nuevo ataque contra empresas de defensa en Múnich, donde se lanzaron artefactos incendiarios contra sedes de Rohde & Schwarz y Helsing. Aunque no se confirmó un daño significativo, el incident eleva las preocupaciones sobre la escalada del conflicto.
El cierre del Instituto Goethe en Rusia, como represalia por la clausura de la Casa de Rusia en Alemania, también refleja el deterioro de las relaciones entre los países involucrados.





























