El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el noroeste de Colombia el 10 de agosto dejó al menos 265 muertos, según el director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, David Tamayo. El sismo, que ocurrió en la región de Nariño, causó graves daños a infraestructuras y viviendas, lo que ha generado una crisis humanitaria. El gobierno ha pedido apoyo internacional para la búsqueda y rescate, aceptando solo la colaboración de Israel, Estados Unidos, El Salvador y Ecuador.
El Salvador envió un avión con 100 toneladas de ayuda, incluyendo alimentos, kits de higiene y medicamentos. Ecuador también se comprometió a apoyar con centros de acopio, donde se recogerán donaciones hasta el viernes 14 de agosto. La ONG local y las autoridades continúan evaluando la situación para coordinar la distribución de recursos.
La cifra de víctimas sigue en aumento, lo que exige una respuesta inmediata. Los equipos de rescate trabajan en zonas afectadas, mientras la comunidad internacional se prepara para ampliar su apoyo. La situación sigue siendo crítica, pero la solidaridad regional y global se muestra decidida a ayudar a los afectados.





















