Una avalancha de lodo, rocas y agua en la frontera entre Nepal y el Tíbet causó una de las peores tragedias recientes en la región. El desastre, que ocurrió en el distrito de Rasuwa, en la provincia de Bagmati, ha dejado al menos 160 muertos y casi 800 personas desaparecidas. Las operaciones de rescate continúan bajo condiciones extremas, con dificultades en la comunicación y el acceso a las zonas afectadas.
El aluvión, provocado por lluvias intensas, arrasó carreteras, puentes y estructuras críticas, incluyendo centrales eléctricas. La situación se complica por el mal tiempo persistente, que aumenta el riesgo de nuevos deslizamientos. La Autoridad Nacional para la Reducción de Riesgos informó que el número de víctimas podría elevarse.
China ha reforzado sus esfuerzos de rescate en la zona, colaborando con equipos nepaleses. La tragedia recuerda a la catástrofe de 1970 en Yungay, donde un aluvión similar causó grandes pérdidas. Mientras se busca a los desaparecidos, se evalúa el impacto en la infraestructura y la seguridad en la región.
La comunidad internacional sigue de cerca el desarrollo de la crisis, con llamados a apoyo humanitario y financiero. La situación sigue siendo crítica, con incertidumbre sobre el número exacto de víctimas y la posibilidad de nuevas tragedias.




























