Los Estados Unidos ha destruido tres petroleros iraníes en represalia por ataques contra sus buques en el Golfo Pérsico. Según fuentes militares estadounidenses, los navires atacados formaban parte de una red clandestina financiada por grupos insurgentes regionales. Irán ha denunciado la acción como un crimen de guerra, afirmando que los buques eran civiles.
El ataque se produjo cerca de la isla de Jark, según informes iraníes, un día después de que Teherán hubiera lanzado misiles hacia el estrecho de Ormuz. Las autoridades estadounidenses han insistido en que los petroleros eran utilizados para apoyar actividades ilegales, aunque Irán niega esta acusación.
La tensión entre ambos países se ha agravado en los últimos días, con Irán anunciando la desarticulación de un grupo terrorista vinculado a Estados Unidos y a Israel. Esta situación refleja un aumento de las hostilidades en la región, con consecuencias potencialmente graves para la seguridad marítima.






























