800 migrantes, provenientes principalmente de Cuba, Haití, Honduras, Guatemala, El Salvador, Colombia y Venezuela, iniciaron una marcha hacia México desde la frontera con Guatemala. El grupo, retenido en la zona, decidió movilizarse en busca de un camino más seguro hacia el norte del país. La decisión surgió tras días de espera en la zona fronteriza, donde las autoridades locales han estado monitoreando la situación.
La marcha, organizada espontáneamente por los migrantes, se desarrolla en condiciones de alta tensión debido a la complejidad del territorio y la falta de infraestructura. Varios testimonios indican que los participantes buscan evitar la detención o la expulsión, optando por un desplazamiento más discreto.
Las autoridades mexicanas han expresado su preocupación por la situación, aunque no han emitido declaraciones formales sobre la movilización. En tanto, organizaciones de derechos humanos han llamado a la atención sobre las condiciones de los migrantes y la necesidad de una respuesta humanitaria.
La ruta de los migrantes atraviesa zonas rurales y montañosas, lo que complica su avance. Aunque no hay reportes de incidentes graves, la incertidumbre sobre el destino final de los participantes sigue siendo un tema de seguimiento.





























