Familiares de presos políticos en Venezuela celebran ocho meses de vigilias y campamentos improvisados alrededor de centros penitenciarios. La medida se mantiene como protesta por la situación de los detenidos, quienes enfrentan condiciones precarias en las cárceles. Los familiares se reúnen en espacios abiertos, a menudo en la noche, para mantener un contacto visual con los presos. Esta práctica se ha convertido en un símbolo de resistencia y solidaridad.

La organización de estas vigilias ha sido coordinada por grupos de defensa de derechos humanos. Aunque no hay un número exacto de participantes, se estima que cientos de familiares se unen a esta acción en diferentes ciudades. Las autoridades no han emitido declaraciones oficiales sobre el tema. La situación continúa generando atención internacional, aunque no ha habido una respuesta concreta del gobierno.

La persistencia de estas protestas refleja la tensión entre el Estado y las familias de detenidos. A pesar de la falta de respuestas formales, la presencia constante de los familiares en los alrededores de las cárceles ha mantenido la presión sobre las autoridades. La comunidad internacional sigue observando la evolución de esta situación.