Legisladores y líderes de la oposición en México criticaron el regreso de Luis Rocha al poder, calificándolo como una confirmación de que el país está gobernado por el narco. Esta denuncia se basa en la percepción de que la política mexicana ha sido influenciada por redes criminales, lo que ha generado una crisis de confianza en las instituciones.
La crítica se centra en la creencia de que la participación de figuras vinculadas al crimen organizado en la política nacional refleja un control ilegítimo sobre el Estado. Esta postura ha sido reiterada por varios sectores, quienes consideran que el sistema político está en manos de actores que priorizan intereses criminales sobre el bienestar público.
La situación ha generado un debate público sobre la legitimidad del gobierno y la necesidad de reformas estructurales. Aunque no se han presentado pruebas concretas, la acusación persiste como un tema de controversia en el ámbito político.




























