En Bogotá, un pagadiario en el barrio de Las Cruces se convierte en un refugio para personas que no tienen techo ni acceso a alimentos. La vida en este lugar se caracteriza por la lucha diaria por conseguir un espacio para dormir y una comida. Los habitantes comparten recursos limitados y se organizan para garantizar su supervivencia.
Este tipo de iniciativas se han multiplicado en la capital colombiana como respuesta a la crisis habitacional y la pobreza extrema. Aunque no ofrecen una solución definitiva, son espacios donde las personas pueden encontrar al menos un lugar para descansar. La comunidad se apoya entre sí, pero la situación sigue siendo precaria.
La falta de políticas públicas efectivas ha llevado a que estos espacios se conviertan en una realidad cotidiana. A pesar de los esfuerzos individuales, la solución requiere un enfoque más amplio y sostenible. La vida en el pagadiario refleja la complejidad de la situación social en Bogotá.
























