La científica María Martinón-Torres, directora del Cenieh y parte del equipo de Atapuerca, explica cómo el miedo a la oscuridad podría tener raíces evolutivas. En una entrevista reciente, destacó cómo los ancestros humanos podrían haber experimentado temor ante fenómenos como los eclipses. Este análisis se basa en estudios sobre la percepción del tiempo y la luz en la prehistoria. La investigadora sugiere que la reacción ante la pérdida de luz podría estar ligada a la evolución del cerebro humano. Estos hallazgos ofrecen una nueva perspectiva sobre cómo los seres humanos interpretaban los cambios naturales en su entorno. La investigación continúa explorando la conexión entre la evolución y la psicología ancestral.