Mientras el terremoto decretó un drama en Colombia, el Gobierno ultraderechista se muestra reacio a aceptar ayuda internacional. Solo permite la colaboración de países aliados como Estados Unidos o Israel. Mientras tanto, miles de personas piden apoyo para salir de los escombros. La oposición critica la postura del Ejecutivo, que prioriza la cooperación con naciones cercanas. La situación ha generado tensión entre el poder político y la sociedad civil. La gestión de la crisis ha sido cuestionada por su falta de transparencia. La comunidad internacional sigue observando con preocupación. La respuesta del Gobierno ha sido vista como una limitación en la lucha contra el desastre. La ayuda humanitaria sigue siendo un tema de debate en el país.