Trump dio luz verde para modificar una ley vigente desde 1973 que prohibía la caza de lobos grises en áreas protegidas. Esta medida permitirá la explotación de santuarios naturales para fines económicos. Se teme que esta política lleve a la extinción de especies como el águila calva. El lobo gris, ya en peligro de extinción, apenas cuenta con 300 ejemplares en Estados Unidos. Esta decisión ha generado críticas por su impacto en la biodiversidad. Los activistas alertan sobre las consecuencias a largo plazo para el ecosistema. La administración actual busca equilibrar la conservación con el desarrollo económico. La medida podría afectar la fauna silvestre en zonas protegidas.