Un grupo de cubanos en los años 80 y 90 utilizó una técnica riesgosa para escapar de la represión del régimen de Fidel Castro. Algunos de ellos se inyectaban sangre contaminada con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) para evitar ser detectados por las autoridades. Esta práctica, aunque peligrosa, les permitía evitar la detención, el trabajo forzado y la prisión.

La historia revela cómo algunos ciudadanos cubanos buscaban formas extremas para sobrevivir bajo el régimen de Castro. Aunque no se conocen detalles exactos sobre el número de personas involucradas, se sabe que esta acción fue una forma de resistencia. La práctica se volvió más común en la década de 1980, cuando la represión era intensa.

La información se basa en testimonios de personas que vivieron esa época. Aunque no se han encontrado registros oficiales sobre este fenómeno, la narrativa se ha mantenido en la memoria colectiva. La situación refleja las condiciones de vida bajo un régimen autoritario y la búsqueda de supervivencia en un contexto de control estricto.