Las inundaciones catastróficas en la frontera entre Nepal y China dejaron al menos 359 muertos y más de 1.400 personas desaparecidas, según informes recientes. El desastre ocurrió el 26 de agosto, cuando un desprendimiento de hielo, roca y sedimentos en Nepal generó un torrente de agua y barro que arrasó comunidades en la región del Tíbet. El flujo destruyó carreteras, infraestructura y viviendas, complicando las labores de rescate.
Venezuela, Chile y otros países expresaron solidaridad con las víctimas y con los gobiernos de Nepal y China. China movilizó equipos de bomberos especializados de Beijing y Sichuan para apoyar las operaciones de búsqueda. La ONU destacó la dificultad para acceder a zonas afectadas y confirmó su disposición a apoyar las acciones de rescate en la región.
Las autoridades investigan el colapso de un glaciar como causa principal del desastre. Aunque se descartó un sismo, se analiza el deshielo como factor contribuyente. La búsqueda continúa en zonas remotas, donde persisten cientos de personas desaparecidas, incluyendo turistas extranjeros.
Más de 300 personas murieron en el incidente, según informes oficiales. La cifra de muertos podría aumentar a medida que se realicen más evaluaciones. La situación sigue siendo crítica, con condiciones climáticas adversas que retrasan las operaciones de rescate.




























