Alemania acusó a Rusia de haber intentado atacar el aeropuerto de Leipzig/Halle con drones explosivos, según informó el gobierno federal. Los artefactos encontrados el 4 de agosto no detonaron y su diseño coincide con acciones atribuidas a Moscú en la guerra contra Ucrania. La investigación continúa para confirmar la responsabilidad.

Moscú, por su parte, negó cualquier participación en el incident y acusó a Alemania de manipular pruebas, según el Kremlin. El presidente ruso, Vladimir Putin, criticó la postura de la canciller alemana, Angela Merkel, y advirtió de una escalada de tensiones.

La tensión se ha intensificado con otros incidentes en Polonia y Alemania, donde se han reportado sabotajes en instalaciones relacionadas con drones. El ex primer ministro polaco, Donald Tusk, denunció un acto de sabotaje en una planta de drones, vinculando los eventos a la situación con Rusia.

Moscú también ha respondido a las acusaciones alemanas convocando al encargado de negocios interino de Alemania en Moscú, Bernd Finke. La situación refleja una escalada de acusaciones mutuas en el contexto de la guerra híbrida, un término utilizado por líderes europeos para describir las acciones rusas en la región.