La policía de Nueva York detuvo a 2.100 migrantes durante la Operación Manzana Podrida, según informes recientes. Esta operación, liderada por autoridades locales, busca combatir la inmigración ilegal y la delincuencia asociada. Entre los detenidos se encontraban personas con antecedentes penales, incluyendo condenas por asesinato, violación y narcotráfico.

La operación se llevó a cabo en varias zonas de la ciudad, con un enfoque en áreas con altos índices de delincuencia. Las autoridades destacaron el aumento de la presencia policial en estos sectores para garantizar la seguridad pública. No se han anunciado detenciones de ciudadanos estadounidenses en este contexto.

La operación fue criticada por algunos grupos de derechos humanos, quienes argumentaron que la estrategia podría afectar a personas vulnerables. Sin embargo, las autoridades insistieron en que la acción busca proteger a los ciudadanos y reducir la delincuencia.

La situación sigue siendo objeto de debate, con diferentes voces en la sociedad. La operación se enmarca en un contexto más amplio de políticas migratorias en Estados Unidos.