Cientos de familias esperan en campamentos improvisados por información sobre desaparecidos tras la riada que azotó el norte de Nepal y la región del Tíbet en China. El balance oficial indica al menos 362 muertos, con cientos de personas aún desaparecidas. La tragedia ocurrió el 26 de agosto, cuando un desprendimiento de hielo, roca y sedimentos generó un flujo de agua que destruyó comunidades y infraestructura en la zona fronteriza.
Las autoridades continúan con operaciones de rescate, aunque los equipos se retiran de zonas consideradas peligrosas. La ONU alerta sobre dificultades para acceder a áreas más afectadas, mientras expresa su disposición a apoyar a China, donde también se reportan víctimas y daños significativos. Expertos analizan la hipótesis de un colapso de glaciar y deshielo como causas del desastre.
Venezuela y Chile han expresado solidaridad con las víctimas, envíando condolencias a las familias afectadas. Mientras tanto, se prevé un aumento del riesgo de nuevas inundaciones debido a dos lagos represados en la zona, que podrían liberar hasta tres millones de metros cúbicos de agua en los próximos días.





























