El rey Harald V de Noruega falleció el viernes a los 81 años, tras una larga enfermedad. Era el monarca más longevo de Europa, habiendo ascendido al trono en 1991. Su muerte ha conmocionado al país, donde su figura fue vista como un símbolo de unidad y tradición. Su hijo, el príncipe Haakon, asumió el trono en una ceremonia solemne celebrada en Oslo.

La realeza noruega ha sido un pilar de la nación durante décadas, y el rey Harald fue conocido por su dedicación al servicio público. Durante su reinado, Noruega se consolidó como una potencia democrática y respetuosa con sus valores históricos. Su hijo, Haakon, quien ahora lidera la casa real, ha sido objeto de críticas públicas en los últimos años, lo que ha generado debate sobre el papel de la monarquía en la sociedad moderna.

Aunque el trono fue heredado por Haakon, el rey fallecido dejó un legado que trasciende la corte. Su visión de la monarquía como un instrumento para unir a los noruegos sigue siendo un referente para muchos. La ceremonia de su entierro se llevará a cabo con gran solemnidad, reflejando el respeto que aún le profesan los ciudadanos.