La riada que azotó la región fronteriza entre Nepal y China el 28 de agosto dejó un saldo de casi 600 muertos y más de 2.500 personas desaparecidas, según informes oficiales. El desastre, causado por un colapso glaciar, arrasó aldeas enteras en la cuenca del río Bhote Koshi, según el USGS. Mientras el rescate continúa, las autoridades chinas y nepalesas enfrentan desafíos logísticos debido al riesgo de nuevas inundaciones.

A pesar de la dificultad, se reportaron 191 personas rescatadas en un túnel hidroeléctrico, lo que ofrece una esperanza de supervivientes. Sin embargo, la acumulación de 2,5 millones de metros cúbicos de agua en la zona fronteriza ha obligado a suspender algunas operaciones de rescate. En Nepal, el número de cadáveres recuperados sigue aumentando, mientras cientos de personas permanecen sin ser localizadas.

El gobierno nepalí rechazó la asistencia internacional que no sea monetaria, lo que ha generado críticas sobre la coordinación en la respuesta al desastre. Los científicos analizan el impacto del cambio climático en la frecuencia de estos eventos, señalando un aumento en la inestabilidad del terreno.

China confirmó siete muertos y más de 550 desaparecidos en su territorio, mientras la búsqueda continúa con miedo a nuevas inundaciones. La situación sigue siendo crítica, con la comunidad internacional vigilante y esperando una evolución en la situación.