El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha defendido públicamente su postura al exculpar a Marruecos de la crisis migratoria en Ceuta, afirmando que no existen "evidencias sólidas" de que el país africano haya planificado la entrada masiva de migrantes a finales de julio. Esta defensa se ha producido durante una comparecencia ante el Congreso, donde el líder socialista ha insistido en que las autoridades marroquíes no tienen responsabilidad directa en el incidente.

Sin embargo, tanto la oposición como varios socios parlamentarios del Ejecutivo han cuestionado esta postura, señalando que el informe policial filtrado revela indicios de una entrada planificada con la colaboración de agentes marroquíes. Esta discrepancia ha generado un debate intenso en el Parlamento, donde se han manifestado desacuerdos sobre la gestión de la crisis y la responsabilidad de las partes involucradas.

La tensión se ha agravado con la decisión del presidente de instar al rey Felipe VI a visitar Ceuta "en las próximas semanas", una propuesta que ha sido vista como una señal de deseo de mostrar la situación real, aunque también podría afectar las relaciones con Marruecos. Mientras Sánchez se mantiene firme en su defensa, el Congreso continúa abordando las implicaciones de su postura.