El conflicto en Ceuta ha generado una serie de críticas y análisis políticos entre España y Marruecos. El periodista Ignacio Cembrero ha señalado en Al Rojo Vivo que el gobierno español no anticipó el impacto de los ataques contra el rey de España, lo que refleja una tensión en las relaciones bilaterales. A su vez, el presidente de la Federación Real Marroquí de Fútbol, Fouzi Lekjaa, ha afirmado que la final del Mundial 2030 se jugará en Casablanca, lo que sugiere una creciente influencia marroquí en temas internacionales.
La crisis migratoria ha sido objeto de críticas internas en España, donde la periodista Elisa Beni ha desmentido la afirmación del gobierno sobre la falta de alertas, sugiriendo que hubo comunicación con Marruecos. La embajadora de Israel en España, Aznar, ha acusado al gobierno español de usar a Marruecos como una "cortina de humo" frente a Israel, mientras que el diputado Rufián (ERC) ha acusado al gobierno de exponer a Margarita Robles para desviar la atención del papel de Marruecos en la crisis.
La Eurocámara también ha discutido la solidaridad con Ceuta y la reubicación de menores, dejando más preguntas que respuestas. Estas tensiones reflejan una complejidad política en la que Marruecos y España se enfrentan a desafíos mutuos, con implicaciones tanto nacionales como internacionales.






















