Un sismo de magnitud 7,4 sacudió el departamento de Chocó, en Colombia, el 10 de agosto, causando daños significativos en edificios y viviendas. La zona, ya vulnerable por su infraestructura precaria, enfrenta ahora un desafío complejo para la respuesta de emergencia. Mientras equipos de rescate intentan llegar a comunidades aisladas, los habitantes denuncian la falta de Estado en la región, una situación que se ha agravado con la tragedia.
El terremoto, de origen tectónico por la subducción de la placa de Nazca, no fue causado por el fracking, según expertos. A pesar de esto, la comunidad local ve en el sismo una oportunidad para exigir más atención y recursos. En la frontera con Venezuela, se realizó una inspección técnica a los puentes binacionales, pero la ayuda sigue siendo insuficiente.
La tragedia ha reavivado las críticas sobre la desigualdad y la marginalización de Chocó, una región históricamente olvidada. Mientras los sobrevivientes buscan noticias de sus familiares, líderes locales advierten que la crisis natural se superpone a una realidad más antigua: la falta de acceso a servicios básicos. La solidaridad internacional se manifiesta, pero la reconstrucción aún está lejos.





















