El sismo de magnitud 7,4 que sacudió el departamento de Chocó, Colombia, el 10 de agosto, dejó al menos 188 muertos y 1.677 heridos, según el balance preliminar. La ciudad de Cali fue la zona más afectada, con importantes daños en viviendas y infraestructura. Mientras los equipos de rescate trabajan en zonas aisladas, las autoridades destacan la complejidad de la situación, especialmente en comunidades con acceso limitado.

El terremoto también provocó deslizamientos de tierra y daños en puentes binacionales, lo que generó preocupación en la región. Un jurista de Cali contribuyó a elaborar respuestas internacionales para abordar la crisis. En San José del Palmar, epicentro del sismo, más de 500 viviendas quedaron dañadas, y el acceso se vuelve más difícil debido a los desastres naturales.

La tragedia ha reavivado las críticas sobre la falta de atención histórica hacia la región. Habitantes y líderes locales señalan que la precariedad de las comunicaciones y la ausencia de infraestructura adecuada han exacerbado la situación. Mientras se busca a sobrevivientes, la comunidad internacional se muestra solidaria, con colombianos en el extranjero organizando ayuda.