Una ciudad francesa, a pocos kilómetros de la frontera con España, se ha convertido en un destino cultural poco conocido pero fascinante. Conocida como la "pequeña Venecia", esta localidad medieval combina elementos arquitectónicos que evocan tanto a Girona como a ciudades históricas de la región. Su encanto radica en una singularidad: alberga un museo dedicado exclusivamente a Francisco de Goya, con una colección de cuadros que supera en número la del Louvre.

Este museo, ubicado en una antigua casa señorial, ofrece una visión única de la obra del pintor español, con piezas que destacan por su calidad y rareza. Además, la ciudad cuenta con una arquitectura que refleja la influencia de la cultura catalana, lo que la convierte en un punto de interés para visitantes interesados en la historia y el arte.

Aunque no es un destino turístico masivo, su historia y su museo la convierten en un lugar de interés para quienes buscan descubrir rincones olvidados de la Europa medieval. La proximidad a Barcelona la hace aún más accesible, a pesar de su carácter discreto.